Rubén Abella explora las grietas de lo cotidiano en ‘Un día de fiebre’

En Menoscuarto incorporamos a nuestro catálogo una novela que se mueve con la precisión de un temblor leve y persistente: ‘Un día de fiebre’, de Rubén Abella.

Todo comienza con una sacudida casi imperceptible. Un terremoto en Madrid, una tarde de febrero de 2015. No hay grandes derrumbes, pero sí algo más difícil de nombrar: una fisura en la calma, una alerta que recorre la ciudad y se filtra en la vida de quienes la habitan.

A partir de ahí, ‘Un día de fiebre’ avanza como un mapa de vidas que se rozan sin saberlo. Una joven universitaria arrastrada por una novatada brutal. Un hostelero que convive con la memoria aún viva de la muerte de su esposa en los atentados de Atocha. Un juez y su amante, suspendidos en una relación que rehúye cualquier compromiso. Un bombero agobiado por las deudas. Una profesora que organiza el cumpleaños de su madre octogenaria.

Rubén Abella traza con sutileza un tejido de historias que se entrelazan, donde lo cotidiano revela su lado más frágil y, al mismo tiempo, más humano. En ‘Un día de fiebre’, las vidas no estallan: vibran, se desvían, se reconocen en la incertidumbre.

Una novela sobre lo invisible que se mueve bajo la superficie, sobre aquello que nos une sin que lo sepamos.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *